Cómo comerciar con las ciudades autónomas

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Viajé a Melilla este verano por varias razones: una, por hacer un viaje por el mar, cruzando en barco los apenas 176 kilómetros de Mediterráneo que separan Almería y Melilla en el superferry “Sorolla” de Trasmediterránea; y otra, por descubrir un territorio español desconocido -y a veces olvidado- que tanto bien hace a España por su emplazamiento estratégico

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Un viaje de tan solo cinco horas por mar me trasladaba de la península a Melilla, aunque también hay ferries más rápidos y salidas desde otros puertos, además de vuelos directos desde distintas ciudades.

Descubrí que el turismo en Melilla es, en general, escaso. Los habitantes de Melilla están acostumbrados a recibir personas que han sido trasladadas por motivos de trabajo, fuerzas de seguridad del Estado, personas que van de paso para ir a Marruecos u otro país africano, o con algún otro fin concreto en su visita; de manera que, tristemente, les llamaba la atención que yo llegara solo por el placer de conocerla y contemplar su belleza.

La ciudad fue tremendamente agradecida conmigo en todos sus establecimientos comerciales: en sus hoteles (recuerdo la simpatía de Paula en el hotel Ánfora), en sus restaurantes (Adán en el Navona fue sencillamente inspirador), en sus tiendas (Arte Árabe disponía de recuerdos y delicadeza para no olvidarles), etc.

Me encontré una ciudad muy bonita y animada, especialmente al caer la tarde. Una ciudad en la que pasear o disfrutar del “tapeo” y de la tranquilidad de un té a la menta y ricos dulces.

Melilla está fortificada por grandes muros, y se accede a la Ciudad Vieja por varios túneles. Me recordaban sus fortificaciones a Almería, y en concreto a su Alcazaba -a la que despedí al embarcar-, me recordaban sus edificios elegantes y sus parques señoriales a la Barcelona modernista de Gaudí (su discípulo Enrique Nieto dejó una huella imborrable en este punto de África, y Melilla acabó siendo la segunda ciudad española en cuanto a edificios modernistas), me recordaban sus palmeras a Alicante, sus tés morunos y ambiente árabe a Granada, su salmorejo a Córdoba…

En fin, Melilla es España y es fiel reflejo de todos los que estamos en la península, pero también Melilla es ella misma, y su encanto es propio: su olor a mar, su mezcla de cuatro culturas en convivencia real (cristiana, musulmana, judía e hindú), su clima mágico que une la brisa del Mediterráneo con el desierto a sus espaldas.

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Dicho esto, Melilla me interesaba especialmente por ser un caso especial en España junto con Ceuta, debido a ser ambas ciudades “entes municipales con un régimen de autonomía local singular”. Me interesaba por sus funciones estratégicas y de defensa del comercio internacional en España, me interesaba finalmente por su régimen especial de tributación que afecta al comercio, a la logística y distribución, y por tanto a la Supply Chain.

Aunque Melilla está fuera del territorio peninsular, desde su emplazamiento protege y permite la exportación y la importación desde los puertos españoles. Melilla tiene puerto y es una entrada natural a Marruecos. Es frontera y tiene aduanas. Melilla está situada en el norte de África y eso permite a España tener un posicionamiento envidiable para el control de sus fronteras.

 

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Melilla cuenta con algo más de 86.000 habitantes, y es junto a Ceuta ciudad autónoma según la Ley Orgánica 1/1995, del 13 de marzo. Una ciudad autónoma es una división superior al concepto de municipio, pero inferior al de comunidad autónoma. El alcalde de la ciudad es también el presidente de la ciudad autónoma. La diferencia principal con las comunidades autónomas es su falta de potestad o capacidad legislativa, es decir, las ciudades autónomas pueden gestionar determinadas materias recogidas en sus estatutos, pero no dictar leyes sobre las mismas, aunque sí podrían enviar propuestas a las Cortes.

También es relevante que no puedan aportar senadores en representación de la ciudad autonómica, ni contar con un Tribunal Superior de Justicia, pudiendo solo recurrir al Tribunal Constitucional si sus competencias municipales y su autonomía local fueran afectadas.

De lo que sí dispone es de un estatuto de autonomía, y esto las distingue de otra municipalidad. Además tiene competencias propias sobre la organización y el funcionamiento de sus instituciones de autogobierno.

Sin embargo, a pesar de pertenecer a la UE, Melilla y Ceuta no están dentro del territorio aduanero de la Unión, lo que implica la no aplicación del IVA e IIEE (Impuestos Especiales) en estos lugares, algo similar -aunque no idéntico- a lo que ocurre en las Islas Canarias. El origen de estas exenciones procede de su lugar geográfico alejado, de la limitación de ciertos recursos, y es importante tenerlo en cuenta a la hora de vender o comprar, llevar o traer mercancías y cumplimentar la documentación comercial y de transporte que requerirá la compraventa y logística asociada. Las operaciones comerciales desde la Península con destino a Canarias, Ceuta o Melilla siguen un régimen tributario diferente al del IVA peninsular.

Dichos territorios aplican sus propios tributos, y la forma de aplicar la tributación depende de lo que se comercializa y a dónde, es decir, del lugar de destino y de la naturaleza de la mercancía, diferenciando entre producto o servicio. En el caso de las Islas Canarias se aplica el IGIC (Impuesto General Indirecto Canario) mientras que en las Ciudades Autónomas de Ceuta y Melilla actúa el IPSI (Impuesto sobre la Producción, los Servicios y la Importación de las Ciudades de Ceuta y Melilla).

Se requiere, por tanto, en las ciudades autónomas de un Despacho de aduanas como trámite para “despachar” tanto la exportación, como la importación. Para el mismo, solo hay que presentar la factura exenta de IVA, figurando el exportador peninsular y el importador en Ceuta y Melilla o viceversa, y con ella se procede al despacho de aduanas ante la aduana de entrada o de salida bien de Ceuta o de Melilla. El trámite es similar al de Canarias, principalmente con la diferencia del empleo del tributo IPSI en lugar del IGIC.

 

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En definitiva, animo a conocer más sobre estos emplazamientos tan relevantes en la historia de España. Partes integrantes del pasado, presente y futuro de nuestro país.

Animo a todo el mundo a visitar España en su conjunto: por su vasto patrimonio histórico-artístico, su gastronomía, su cultura y sus gentes. Y en esa visita a tantos sitios de esta tierra, ojalá no falten personas que elijan ir también a estas ciudades autónomas, a las que seguro que unos mayores ingresos turísticos les permitirían crecer y consolidar a sus muchos profesionales.

Tras mi viaje, me queda la idea de que en Melilla estarían encantados de que se les conociera más, de que se entendiera mejor su realidad, y de que las nuevas generaciones pudieran quedarse allí ganándose la vida y generando valor para todo el conjunto del país.

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