-Odyssey Robotics (Oct. 2017)

Entrevista a Javier Martínez (CEO y fundador de ODYSSEY ROBOTICS) en Encín Golf Madrid

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Entrevista a Javier Fernández 1

El hombre siempre ha sido un animal ligado a la tecnología, y es por ello precisamente que la aparición de las nuevas tecnologías está abriendo una nueva definición del ser humano.

El comercio y la logística internacionales, tan ligados al hombre y a su tecnología, han experimentado grandes avances en los últimos años de índoles tan diversas como la gestión telemática de la documentación y la comunicación entre los distintos actores de la cadena de suministro, o los nuevos sistemas de control y navegación de los distintos medios de transporte. No obstante, aún queda mucho por explorar: vehículos eléctricos o vehículos auto-guiados, distribución por drones, o barcos manufactureros viajando por el mundo, o instalados en zonas francas.

Por supuesto, en la Industria 4.0 es obligatorio hablar acerca de robots, que estarán cada vez más presentes en cualquier tipo de cadena de suministro.

Gracias al incremento de la capacidad de procesamiento y computación, hoy en día pueden fabricarse robots capaces de recoger millones de datos del medio en el que se desenvuelven, pero se continúa cuestionando su validez como equipos autónomos, para lo que deben estar dotados de Inteligencia Artificial.

Quizá la cuestión general sobre la capacidad de los robots de extraer conclusiones o de tomar decisiones no está relacionada con que un robot pueda procesar la información tal y como la procesaría o analizaría un cerebro humano, sino más bien con la posibilidad de que un robot pueda o no tener Inteligencia Creativa –entendida como la capacidad de generar nuevas formas de operar no previamente programadas, o quizás no previamente previstas o incluso inexistentes hasta el momento-, o Inteligencia Estratégica –entendida como la capacidad de trazar un plan con un objetivo claro, y desarrollarlo en base a unos criterios iniciales, pero ajustándolos según sucedan ciertos acontecimientos previstos o no-.

Dicho de otro modo, un punto clave para el uso de la inteligencia artificial en las cadenas de suministro, por ejemplo en tareas de transporte de mercancías, es discernir si un robot podría ser capaz de tomar decisiones en tiempo real ante eventos no previstos, o si por el contrario su actuación va a estar necesariamente ligada a una programación previa. En este último caso, será un punto muy sensible el tipo de algoritmo con el que se dote a un vehículo o una máquina que va a actuar mientras se mueve, y que puede poner en riesgo tanto la vida de personas como el valor de las mercancías transportadas.

En el caso de vehículos que transporten bienes o personas, es prioritario conocer este punto para discernir, en caso de accidente, cuál ha sido la priorización seguida o la programación subyacente en el mecanismo de decisión del vehículo auto-guiado. Los Estados deberán crear las leyes necesarias en este campo para proteger a sus ciudadanos y mantener unas condiciones mínimas de seguridad en sus infraestructuras de transporte. Las compañías de seguros, por su parte, adaptarán sus pólizas según este algoritmo de toma de decisiones haya sido orientado en una línea u otra.

En este momento también se está hablando de robots que funcionan como avatares de sus dueños, ofreciéndoles un “otro yo” presencial en otra ubicación. Esto podría transformar la forma en que se desarrollan en la actualidad los encuentros comerciales internacionales. Incluso hace pensar en vidas públicas más allá de un cuerpo viejo y ajado, postrado en una cama, o con cierta minusvalía,… Da miedo pensar que nuestra presencia se sustituya por una versión virtual de nosotros mismos, y que un robot androide llegue a sustituir nuestra identidad, o conjunto de características que definen nuestro ser. En este caso, nuestro cuerpo dejaría de ser importante, se podría remplazar, y relegar a la actividad cerebral todo el protagonismo de nuestra existencia o aportación al Cosmos. En el fondo, las empresas serían conjuntos de cerebros con ubicaciones dispersas, aglutinando cierta cultura corporativa y un know how específico o quizá las empresas acabarían siendo corporaciones globales con un conocimiento conjunto compartido.

En una población que además desea vivir joven eternamente, que desea mantener la calidad de vida a toda costa, un robot puede ayudar a mantener un estándar de vida, o puede dejar la vida física humana a merced de un cuerpo mecánico que sea la cara conocida que interaccione con el entorno o con los demás. Visto de este modo, Matrix se desvela como una película cada vez más cercana a lo que podría acontecer, lo cual produce cierto temor.

Las prótesis, la nanotecnología, el láser, son herramientas para prolongar la vida, para que nuestra parte orgánica regenere, cree o sustituya tejidos. ¿Qué pasará cuándo se quiera prolongar nuestra vida cerebral?. ¿Se crearán también prótesis? ¿Injertos? ¿Trasplantes? ¿O simplemente a modo de momificación egipcia para conservación del valor de un cuerpo, se momificarán, o congelarán, o copiarán los cerebros más valiosos?

robot working with virtual display

Para los Juegos Olímpicos de Japón, ya se están diseñando intérpretes para atender a los visitantes. No serán necesariamente androides, pero son capaces de responder a una cuestión con algoritmos mucho más avanzados que los que un call center actual puede proveer. Quizá en breve sí haya androides, como los que la Universidad de Osaka está diseñando, que sí puedan convivir con familias. Quizá ayudando a personas ancianas, o quizá a personas con autismo o demencia. Y aquí viene la clave: ¿Podrían tomar decisiones por nosotros? ¿Hasta qué punto debemos delegar esa tarea?

Comercialmente hablando, ¿un robot podría firmar un contrato en nuestro nombre?, ¿podría realizar la venta de producto o servicio para una empresa, una vez tenga aprendido su catálogo, sus precios, descuentos y márgenes previstos por operación, así como características técnicas y usabilidades? ¿Si comprende las necesidades del cliente o las pregunta con un check list o a través de unas rutinas fáciles, no podría prescribir la mejor opción en un tiempo record? Ya hay software que sugiere qué vender, a quién y cómo, como lo hay también para prescribir dónde invertir en bolsa, tras el análisis de cientos de parámetros de distintas empresas.

Para hablar de estas cuestiones y de inteligencia artificial en su conjunto, he tenido el placer de entrevistar a Javier Martínez García, CEO de Odyssey Robotics, empresa que diseña y fabrica sistemas de guiado para vehículos autónomos de siguiente generación, resolviendo soluciones específicas, y quien apunta a ser sin duda una gran promesa en tecnologías tales como la visión artificial. Javier acaba de ganar la III edición del programa YUZZ UMH y pronto viajará a Silicon Valley a desarrollar con mayor amplitud sus proyectos.

 

Cristina Peña Andrés: Javier, en tu opinión, ¿cuál es la nueva definición de ser humano que las nuevas tecnologías están trayendo consigo?

Javier Martínez García: Nuestra evolución nos ha convertido en seres especializados en pensar. Tenemos capacidades muy superiores a cualquier otra especie en este sentido. Si nos fijamos en la aplicación de las innovaciones tecnológicas, estas buscan servir de apoyo a nuestra mente para que esta pueda focalizar sus limitados recursos en seguir raspando un poco más de este camino evolutivo.

CPA: ¿Crees que un robot podría llegar a tener realmente inteligencia estratégica o inteligencia creativa?

 JMG:  Si un robot me gana al ajedrez todas las veces que juego contra él ¿tiene mayor inteligencia estratégica? Si un robot evalúa un conjunto enorme de datos médicos y da con una combinación de fármacos que reducen casi a cero los efectos secundarios de su aplicación, maximizando el efecto curativo ¿es una inteligencia creativa? La respuesta a estas dos cuestiones es que sí, y estos sistemas son hasta cierto punto algo común en nuestro día a día. El problema es que se duda de si es inteligencia o no porque una vez solucionado un problema este se visualiza como un mecanismo y nos es complicado atribuir inteligencia alguna a un complejo juego de engranajes, pues nuestro concepto intuitivo es que algo inteligente debe asemejarse de alguna forma a nosotros.

CPA: ¿Qué programación está implícita en un vehículo auto-guiado?

JMG: La idea fundamental de todo vehículo autónomo es la de evitar generar situaciones peligrosas. Las señales que los equipos de control manejan tienen varias prioridades jerárquicas destinadas a tal fin: si mi orden como grúa es dejar una carga en un punto preciso, pero detecto presencia de personas/objetos en ese punto, la señal del sensor de presencia tiene prioridad y anula la orden de descender la carga. Pero esto no sólo aplica a vehículos completamente autónomos; el esquema se puede encontrar, por ejemplo, en los coches y camiones dotados de detector de colisión frontal. Aquí se mide continuamente la distancia con el coche que circula directamente delante de nosotros, se tienen en cuenta las velocidades y actitudes de los últimos segundos y si este realiza una frenada brusca, nuestro sistema anula las señales del acelerador y otros sistemas para apretar el freno y detenernos con seguridad.

Aparte de los sistemas de seguridad, el programa que rige el funcionamiento de un vehículo autónomo tiene la misión de conocer dónde está y qué actitud tiene (posición, dirección, velocidad, estado de carga, etc), para poder cumplir con las órdenes que se le han dado. Realmente no hay mucho más dentro de estos aparatos.

Entrevista a Javier Martínez 4

CPA: ¿Qué vinculación entre un robot y el cerebro humano podría llegar a acontecer en un futuro? ¿Se podría reproducir el mapa neurológico de un cerebro humano? ¿Se podría insertar un software en una cabeza humana? De alguna manera, ya hoy en día, los softwares son nuestra memoria, nuestras agendas, nuestras cámaras, nuestra forma de comunicarnos…

JMG: Si entendemos que nuestro cerebro es, de alguna manera, similar a un ordenador, cabe entonces preguntarse si no se puede programar y tratar como tal y realmente no hay motivo para pensar que tal cosa no sea posible. El problema con llevar esto a la realidad es de tipo práctico y se divide en tres: por un lado, una neurona es algo realmente pequeño, diminuto. Imagina operar a una hormiga de la vista con un palo de escoba, esa es la diferencia de tamaño entre una aguja hipodérmica y una neurona. Por otro lado, una neurona está viva y para conocer su estado y lo que pretende, tenemos que interferir con su estructura y contenido. Esto quiere decir que, además de distorsionar su funcionamiento al tratar de medirla, estamos acortando su vida. Y por último, en caso de superar todo lo anterior, habría que conocer de alguna manera cómo están las neuronas conectadas entre sí. Una neurona puede estar conectada a otras mil y hay unos 20.000 millones de neuronas en nuestro cerebro. En conclusión, a día de hoy es un problema de imposibilidad técnica y falta de tecnología.

CPA: ¿Cuál es tu consideración sobre la posibilidad de que existan androides que usurpen la identidad de los humanos? ¿Podrían llegar a desplazarnos?

JMG: Cuando te presentan a alguien, sacas una gran cantidad de conclusiones en fracciones de segundo; si es una persona conocida, puedes saber hasta de qué humor viene. A día de hoy, existen androides que, durante estos segundos previos a un análisis más profundo, pueden confundir y hacernos creer que estamos ante una persona. Sin embargo, siempre queda un deje de “esto es raro” que despierta a nuestro cerebro y nos hace analizar de nuevo la situación y descubrir que se trata de un androide. La actividad en este campo es alta y está yendo a más cada año, organizándose competiciones y eventos para mostrar el robot más humano de todos. Por mi parte, creo que aún queda algún tiempo para que tropecemos con un androide y tardemos más de unos segundos en identificarlo como tal.

En cuanto a que puedan desplazarnos, aquí sí que existe una posibilidad más real. Hemos creado un mundo a nuestra medida y dimensiones; un robot con forma humana puede utilizar todas nuestras herramientas y vehículos sin modificación, por lo que puede asumir trabajos y ocupaciones de forma directa. Existía hasta 2015 una competición, el DARPA Robotics Challenge, que trataba precisamente de esto: robots androides que puedan utilizar herramientas manuales y realizar acciones como abrir y cerrar válvulas y puertas, subir escaleras; en definitiva, moverse y actuar en un entorno industrial.

CPA: ¿Crees que la parte comercial puede estar en riesgo por la capacidad de los robots de gestionar mejor la base de datos de clientes, la prescripción en tiempo real, y la capacidad de análisis de la mejor decisión empresarial?

JMG: Creo que el riesgo viene de no asumir que ha aparecido una herramienta nueva más capaz que nosotros que hemos de aprender a utilizar y dominar. Si es útil y se adopta, no sólo podrá centrarse en los aspectos más conflictivos del trabajo sino que podrá multiplicar nuestro rendimiento, ya que estas herramientas se pueden utilizar en paralelo y ampliar en potencia, mientras que nuestro cerebro no.

CPA: Javier, en tu opinión, ¿crees que la última decisión puede estar en manos de un robot?

JMG: Un ejemplo de automatismo de decisión puede ser el temporizador de una bomba, donde los segundos se acumulan en un contador y cuando llega el momento predispuesto se ejecuta la explosión. Este temporizador ha detonado la carga, pero lo ha hecho al cumplirse una condición externa, introducida por una persona. De esta manera, aunque el temporizador es un ejecutor, la decisión ha venido de fuera al introducir esa variable con el valor final de la cuenta, y esto es una decisión humana. Este principio se aplica a todas las máquinas que conocemos hoy, ya que somos nosotros los que les damos un propósito a cumplir y, por lo tanto, determinamos sus acciones. Hasta qué punto una larga cadena de eventos relacionan una decisión con su consecuencia es algo que, en mi opinión, cae en el campo de la filosofía y no tiene solución objetiva.

Pero esto no quiere decir que no se trabaje en sistemas capaces de crear y buscar sus propios objetivos “vitales”, pues existen investigaciones que tienen el propósito de entender cómo sería una máquina que, en base a su curiosidad por el entorno, estableciera sus propios fines y metas por sí misma. En este caso, sí que cabría pensar en quién o qué está decidiendo lo que hace la máquina, si es ella misma o el entorno del que ha aprendido, siendo esta una pregunta también aplicable a nosotros mismos.

 CPA: Recomiéndame una lectura interesante sobre las últimas tendencias en las que se está trabajando, y que son ya una realidad.

JMG: Sin duda te recomiendo el artículo “Neuralink and the Brain’s Magical Future”, de la página “Wait But Why”. No es una realidad, pero sí un fragmento del futuro. Trata sobre el origen de nuestro cerebro, las neuronas y la empresa Neuralink, fundada por Elon Musk. El objetivo de esta empresa es el de fundir una inteligencia artificial con nuestro cerebro para que nos complete como personas. El artículo está en inglés, aunque su autor, Tim Urban, se esfuerza por desgranar al máximo cada concepto de forma que sea sencillo de entender.

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Puedes encontrar más información acerca de Odyssey Robotics en su web: www.odysseyrobotics.com

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