Fantástica semana de celebración de San José en los 75 años del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Madrid, y 175 años de la profesión de Ingeniero Industrial en un sitio muy especial: el Casino Real de Madrid.

Un día para reunirnos con otros Ingenieros Industriales, explorar colaboraciones a través de TuComex, y sobre todo compartir un día divertido en un entorno maravilloso. Fue estupendo acudir junto al CTO de TuComex, Alberto Tundidor.

El Casino es un emblema de la ciudad de Madrid y símbolo de elegancia, y ha dignificado perfectamente este aniversario tan especial.
Tuve la suerte de visitar todas sus maravillosas instalaciones. La biblioteca gótica o la terraza con vistas a La calle Alcalá son simplemente impresionantes.

Fue muy especial poder saludar al gran Paco Roncero, y recorrer su restaurante y su terraza.

Justo el sábado anterior había tenido también la oportunidad de asistir a la comida con la delegación del COIIM en Guadalajara. Para la ocasión, el restaurante elegido fue Las Llaves, la Casa Palacio Ramírez de Arellano, del S.XVI, que cuenta con jardín, dos patios castellanos, y tres salones independientes. Un sitio que que es toda una experiencia gastronómica.

Gracias por los buenos momentos de estos días a Fabián Torres Suárez, Manuel Soriano Baeza, Javier Del Amo Verdura, Mª Luisa López-Tola Seguín, Carmen Vázquez Cáceres, Antonio García Bravo, Alberto Tundidor Díaz, Amparo Villarino, Alicia Castillo, Pablo Rubio García, Diego Pérez Castro…
Por último, quiero compartiros mi regalo a todos y cada uno de los Ingenieros Industriales, porque transforman el mundo y tanto aportan con su creatividad al progreso y el bienestar de la sociedad. Mi regalo es este poema:
Poema al Ingeniero Industrial
Tú, ingeniero,
que buscaste luz
en las oquedades de las grutas,
que hallaste cómo escudriñar
el fondo de las más profundas fosas,
e hiciste del tránsito entre distancias,
de ridículos tiempos, una diminuta suma.
Tú, ingeniero,
que conquistando ochomiles
escapaste hábilmente de la gravedad,
venciste al veloz cóndor y a las poderosas águilas,
y en tu viaje a las estrellas,
aprovechando tu levedad en el espacio,
fuiste el único dueño de tu propio peso.
Con inquietud viste,en todos los misterios del mundo,
tu asíntota inexplorada,
lograste unir la sima con el cielo
con solo, de tu ingenio, un piñón-cremallera,
tunelaste montañas arrancándolas su núcleo,
y surcaste bravo, los cinco océanos
no solo en buques o submarinos, sino en impensables trenes.
En la cadencia continua de cada oleaje
contra la costa abrupta,
tú viste una serie matemática.
El pandeo fue tu excusa para estudiar el límite elástico,
y en el paso rítmico por los puentes
sentiste, cual sinfonía,
su estructura en potencial resonancia.
No hay sincronía, ni música,
que no marque en tu cerebro
una fórmula de directa aplicación,
ni corolario narrado
en los símbolos del álgebra,
que no se conjugue en tu lápiz
en su total practicidad.
Tú, ingeniero,
buscaste el infinito donde otros
solo vieron la finitud de la vida.
Tú llenaste de ingenio las ideas de Platón,
para convertir la inspiración de las musas
en humanas realidades,
definiendo el mundo en que hoy vivimos.
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